INTRODUCCIÓN

 

OBJETO

Las normas de estilo bibliográfico son como las de la gramática, el estilo de redacción y la tipografía: sirven para facilitar la comunicación entre el autor de un trabajo y sus lectores. Contribuyen a mantener la claridad, la precisión y la integridad o, en otras palabras, la calidad y la utilidad, del aparato bibliográfico del trabajo académico, dentro de la brevedad que debe caracterizarlo.

 

ANTECEDENTES

 

Español

El de Gloria Escamilla es uno de los pocos manuales de estilo bibliográfico publicados en español.1 Dice que:

 

Las normas básicas para la redacción de la ficha bibliográfica que se incluyen están basadas en el Anglo-American Cataloguing Rules publicado en 1978, en Bibliographical procedures & style, publicado por la Biblioteca del Congreso de Washington, en 1966 y en la experiencia mexicana.2

 

de la que Escamilla es una de las más dignas representantes. A medida que aumenta la variedad de autores, obras y tipos de materiales citados, es necesario consultar con más frecuencia códigos tan completos como el de Escamilla e, incluso, el de las reglas angloamericanas. Sin embargo, el estilo catalográfico de éstos tiene que adaptarse generalmente al estilo bibliográfico de otros, como hacemos cuando adaptamos las fichas del catálogo de una biblioteca a la forma de la bibliografía. De hecho, la citada Biblioteca del Congreso ha contado con su propio manual de estilo bibliográfico, citado por Escamilla junto a las reglas angloamericanas, que constituye una adaptación de las normas antecedentes de éstas, igualmente promovidas por la Biblioteca.

La Biblioteca del Congreso justificó la pertinencia de su manual de estilo bibliográfico con base en 1) la unidad de los principios que gobiernan la preparación de referencias bibliográficas y la de las tarjetas del catálogo de la misma, y 2) la necesidad de adaptar las reglas de catalogación porque "la forma física, el alcance y el propósito de las bibliografías" no son idénticos a los de los catálogos.3

  Es, por lo tanto, natural encontrar diferencias entre los catálogos preparados por las bibliotecas con base en las normas angloamericanas de catalogación y las bibliografías autónomas que se apoyan en obras como la de Escamilla, el Bibliographical style manual de la Biblioteca del Congreso, y las normas de la Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones Bibliotecarias (FIAB).4

  Con mayor razón se justifican entonces las diferencias del aparato bibliográfico de apoyo a los ensayos semestrales y a las tesis cuando se compara con los catálogos y las bibliografías autónomas, en lo que se refiere por ejemplo al formato de las referencias; las áreas, los elementos, la forma y la secuencia de la información bibliográfica, y las variaciones que se observan entre las notas bibliográficas y la bibliografía o lista de referencias.

  En abono del párrafo anterior debo decir que el texto de las reglas angloamericanas se ajusta al manual de Chicago para efectos de estilo;5 y que ni Escamilla, ni la Biblioteca del Congreso, ni la FIAB pretenden normar el estilo de las notas bibliográficas situadas al pie de página o al final de un artículo, un capítulo o un libro.

  Volviendo al tema de las normas en español, conviene señalar que los manuales de estilo editorial son escasos y generalmente parcos cuando se ocupan del asunto.6 El de Roberto Zavala Ruiz es excepcional porque, además de dedicar algunas páginas a "notas y bibliografía", destina un apéndice a las "Normas para la redacción de la ficha bibliográfica" basado en el manual de Escamilla.7

  Las revistas académicas en español, por lo general, son también demasiado parcas cuando llegan a ocuparse del asunto. El caso de es excepcional porque incluye una decena de párrafos de estilo bibliográfico entre las "Normas sobre presentación de originales para las publicaciones del Instituto Caro y Cuervo."8

  Es más común que se ocupen de este tema los manuales que sirven para la redacción de tesis y otros trabajos académicos y que, de esta manera, influyen en la normalización del estilo bibliográfico.9 Mi libro de técnicas dé investigación le dedica algunas páginas.10

 

Inglés

El manual de Kate L. Turabian11 es un clásico en inglés. Para las humanidades, recomienda el de Joseph Gibaldi y Walter S. Achtert12 que William B. Badke13 sitúa al mismo nivel que el primero; para las ciencias sociales, recomienda el de la American Psychological Association.14 Los dos primeros cubren muy bien la inmensa mayoría de los casos que se presentan en el trabajo académico, sobre todo en ciencias sociales y humanidades, pero tienen el cuidado de remitir a otras fuentes que pueden utilizarse en forma complementaria o alternativa, como los manuales de la citada APA y del Council of Biology15 y como las condiciones de estilo de la Linguistic Society of America.16

  Las revistas académicas en inglés generalmente incluyen normas propias en sus páginas, envían copia de ellas a los interesados o remiten a fuentes como las mencionadas en el párrafo anterior. Howell las incluye en su guía bibliográfica a los manuales de estilo impresos en ese idioma.17

 

Francés

Philippe Sylvain dice, al presentar la guía de Benoît Bernier,18 que no es necesario consultar muchos libros y revistas del Canadá francófono para darse cuenta de que las reglas, que se aplican a la presentación de textos, varían de un autor a otro, cuando no de una a otra editorial. Atribuye esta "anarquía" al hecho de que sus paisanos aplican reglas que se justifican en textos redactados en inglés, pero que a veces contradicen las reglas que observan las grandes editoriales de lengua francesa. Dice que Bernier se propone remediar esta "anomalía".

  Bernier cita al Turabian entre las obras norteamericanas que han tenido mayor influencia en Canadá, critica algunas publicadas en francés, y ofrece su propia opción con base en otras fuentes francesas y canadienses.19

 

ADVERTENCIA

Se desprende de lo dicho que las normas de estilo tienden a variar con la función, el idioma, el lugar, el tiempo, la disciplina, la institución e incluso el autor. Lo que dice Sylvain acerca de Canadá puede decirse, mutatis mutandi, también de México20 donde una misma editorial puede publicar libros y revistas con estilos distintos.21

Es fácil encontrar analogías y diferencias entre distintas fuentes de estilo bibliográfico, algunas de las cuales tienen ámbitos de validez más amplios, pero ninguna de éstas disfruta de la aceptación que tienen, por ejemplo, las reglas angloamericanas para la catalogación de libros en bibliotecas de los países más diversos.

  El estudiante debe identificar, cuanto antes, la fuente o las fuentes de autoridad más aceptable(s) para la presentación de su escrito. Si se pone previamente de acuerdo en este punto con el maestro del curso o el asesor de la tesis, puede proceder con mayor certeza al preparar sus referencias bibliográficas, y contará con una buena base para defender, en caso necesario, la forma que haya adoptado para cada una de ellas.

 

PRINCIPIOS

De todos modos, el estudiante debe procurar presentar los mismos elementos de la referencia bibliográfica en el mismo orden y en la misma forma en todos los casos que pertenezcan a una misma categoría. Su escrito debe ofrecer con claridad y brevedad todos los datos que sean necesarios para localizar las obras en bibliotecas, archivos, librerías, editoriales y equivalentes. La familiaridad con normas expresas le ayudará a mantener la uniformidad, precisión e integridad de sus referencias.

 

 


NOTAS BIBLIOGRÁFICAS  

1.        Creo que es también el más completo en español en lo que se refiere a número de normas de estilo incluidas. No es el caso, por ejemplo, del libro de A.M. Lewin Robinson, que tiene otro enfoque: Introducción a la bibliografía: guía práctica para trabajos de descripción y compilación, (traductora: Isabel Fonseca Ruiz; Biblioteca del Libro; Madrid: Pirámide y Fundación Germán Sánchez Ruipérez, c1992), 162p. (010.18/R685in).

2.        Gloria Escamilla G., Manual de metodología, y técnicas bibliográficas (3 ed. aumentada; Instrumenta Bibliográfica, 1; México, D.F.: Biblioteca Nacional, Instituto de Investigaciones Bibliográficas, Universidad Nacional Autónoma de México, c1988), 161p. (010.18/E743m/1982). Escamilla se refiere en primer lugar a las Anglo-American cataloging rules (2 ed. preparada por la American Library Association, la British Library, el Canadian Committee on Cataloguing, la Library Association y la Library of Congress; editada por Michael Gorman y Paul W. Winkler; Chicago, Ill.: American Librarv Association, c1978), xvii, 620p. (025.32/A589/1978). Existe traducción de estas reglas al español y, una edición revisada en inglés más reciente. En sus escasas notas al pie, estas ediciones de las reglas angloamericanas siguen el Manual of style (12 ed.) después llamado Chicago manual of style (13 ed.) que cito más adelante. Escamilla se refiere en segundo lugar al Bibliographical  procedures and style: a manual for bibliographers in the Library of Congress de Blanche Prichard McCrum y Helen Dudenbostel Jones (Washington, D.C.: Government Printing Office, 1966), vii, 133p. (010.2/E797b). Reimpresión de la edición de 1945, más lista de abreviaturas.

3.        Véase p. V del Bibliographical procedures and style manual citado en la nota anterior.

4.        Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecarios, "Normas internacionales para la descripción bibliográfica para publicaciones unitarias en uno o varios volúmenes", en Boletín de la ANABA ([Madrid]: Asociación Nacional de Bibliotecarios, Archiveros y Arqueólogos, año 22, nos. 1-4, enero-diciembre, 1972), pp.[7]-37. (f/025.32/In61n)

5.        Véase mi nota 2 en p. 1. Véase también nota 1, p. 1, en Reglas de catalogación angloamericanas (2 ed. preparada por la American Library Association, la British Library, el Canadian Committee on Cataloguing, la Library Association y la Library of Congress; Washington, D.C.: Organización de los Estados Americanos; San José, Universidad de Costa Rica, [c]1983) xviii, 754p. (025.32/R337/1983). Véase también nota 1, p.1, de la segunda ed. revisada bajo la dirección del Joint Steering Committee for Revision of AACR de las Anglo-American cataloguing rules (editadas por Michael Gorman y Paul W. Winkler; Chicago, Ill.: ALA, c1988), xxv, 677p. (025.32/A589/Rev.1988).

6.        Por ejemplo: Héctor Perea, "Manual de estilo editorial del Fondo de Cultura Económica" (con la colaboración de Oscar González; México, [D.F.: FCE], 1992), hh. 7-10, 56. (655.258/P343m); Bulmaro Reyes Coria, Manual de estilo editorial (México, D.F.: Limusa, cl986), pp. 73-74, 83-91 (808/R4571); y Antonio Ubieto Arteta, Sobre tipografía: apuntes para investigadores (Valencia: Anubar Ediciones, c1976), pp. 15-20. (655.25/U151s).

7.        Roberto Zavala Ruiz, El libro y sus orillas: tipografía, originales, redacción, corrección de estilo y de pruebas (Biblioteca del Editor; México, D. F.: Dirección General de Fomento Editorial, Universidad Nacional Autónoma de México, c1991), pp. 123-130 y 137-155 (655.25/Z396l). El mismo autor atestigua la escasez y las limitaciones de los antecedentes de su libro en México. Véase "Es discontinuo el saber editorial", entrevista a RZR por César Güemes en El Financiero (México, D.F.: 10 de junio, 1994), p. 66.

8.        Véase, por ejemplo, Thesaurus: boletín del Instituto Caro y Cuervo (Bogotá: ICyC, tomo 45, no. 1, enero-abril, 1990), pp. 287-292. (460.5/C718t). Las "Normas para la entrega de originales” de la Nueva revista de filología hispánica (México, D.F.: Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios, El Colegio de México, por ejemplo en el tomo 41, no, 1, 1993) y los “Lineamientos para colaboradores de la revista" de Literatura mexicana (México, D.F.: Centro  de Estudios Literarios, Instituto de Investigaciones Filológicas, Universidad Nacional Autónoma de México, por ejemplo en el vol. 3, no. 1, 1992) se refieren brevemente al asunto en sus terceras de forros. Esta última refiere a las normas de la Modern Language Association of America.

9.        Por ejemplo: Margarita Alegría y otros, Apuntes para el manejo de información en la investigación documental  (por MA, Sandro Cohen, Carlos Gómez Carro y Enrique López Aguilar; Azcapotzalco, D.F.: Universidad Autónoma Metropolitana, c1985), 41p.

10.     Ario Garza Mercado, Manual de técnicas de investigación para estudiantes de ciencias sociales  (5 ed.; México, D.F.: El Colegio de México, c1994), pp.222-237. (007/G2455m/1988).

11.     Kate L. Turabian, A manual for writers of term papers, theses, and dissertations (5 ed. rev. y aumentada por Bonnie Birtwistle Honigsblum; Chicago Guides to Writing, Editing, and Publishing; Chicago: The University of Chicago, 1987), ix, 300p. (378.242/T929m/1987). Desde la primera edición, publicada en 1937, recomienda “en general el estilo de la Imprenta de la Universidad de Chicago como se muestra en sus publicaciones –tanto en libros como revistas- y como se explica en su Manual of Style.” La quinta edición de Turabian se refiere a la decimotercera del manual de Chicago que cambió al título de The Chicago manual of style for authors, editors, and copywriters (13 ed. rev. y aumentada; Chicago, [Ill.]: The University of Chicago, c1982. ix, 738p.). (655.25/Ch5327m/1982).  El “Report of the Advisory Committee on Documentation Style” de la Modern Language Association of America” en PMLA: publications of the [MLA] (vol. 97, no. 3, May, 1982) al recomendar cambios al estilo de la MLA procuró ajustarse, entre otras cosas, a prácticas que están conformes con otras autoridades en general, y con el manual de Chicago en particular.

12.     Turabian recomienda la segunda edición (1984) del libro de Joseph Gibaldi y Walter s. Achtert: MLA handbook for writers of research papers  (3 ed.; Nueva York: The Modern Language Association of America, 1991, c1988), vii, 248p. (808/G437m/1988). Recomienda también el MLA style manual de los mismos autores (Nueva York: the Modern Language Association of America, 1992, c1985), viii, 271p. (029.6/A179m).  En p. vii de este último, los autores señalan que se dirigen al investigador y al estudiante graduado mientras que el Handbook se enfoca más hacia el estudiante de licenciatura (undergraduate).  Ambos proceden de The MLA style sheet de William Riley Parker (Nueva York: Modern Language Association of America, c1951, revisada en 1970 por John H. Fisher y otros), cuyo equivalente inglés sería el MHRA style book: notes for authors, editors, and writers of thesis (4 ed.; Londres: Modern Humanities Research Association, c1991) de acuerdo con George Watson en Writing a thesis: a guide to long essays and dissertations (Londres: Longman, 1988, c1987), p.119. (808.06/W338w).

13.     William B. Badke, The survivor’s guide to library research:  a simple, systematic approach to using the library & writing research papers (Grand Rapids, Mich.: Zondervan Publishing House, Academic and Professional Books, c1990), p.113. (020.8/B132s).

14.     American Psychological Association, Publication manual of the [APA] (3 ed.: Washington, D.C.: APA, 1992, c1983), 208p. (808.066/A512p/1992).  The Chicago manual of style, el MLA handbook, y el de la APA son “los tres grandes” para Clara Hoover en “Style manuals: a bibliography”, The Booklist, including Reference books bulletin (Chicago, Ill.: American Library Association, vol. 87, no. 16, April 1, 1991), p.1586.  Dice que son los que se usan más en Norteamérica y que han sido la base de muchos otros manuales.

15.     Council of Biology Editors, CBE style manual: a guide for authors, editors, and publishers in the biological sciences (5 ed. rev. y aumentada, Bethesda, MD: CBE, c1983), xx, 324p. (808.06/C386).  Gloria R. Freimer y Margaret Perry identifican los manuales de Turabian, la APA, la MLA y el CBE como los más usados por los estudiantes en una pequeña muestra entrevistada en la William S. Carlson Library como antecedente del artículo sobre “Student problems with documentation”, Journal of academic librarianship (Ann Arbor: vol. 11, no. 6, January, c1986), pp.350-354.

16.     La “LSA style sheet for publications of the Linguistic Society of America” aparece en el número de diciembre del LSA Bulletin (por ejemplo: Baltimore, MD: LSA, no. 138, December, 1992), pp.57-58. (406/L755l).

17.     John Bruce Howell, Style manuals of the English-speaking world: a guide (Phoenix, AZ: Oryx, c1983), xiii, 138p. (016.0296/H859s).

18.     Benoît Bernier, Guide de présentation d’un travail de recherche (2 ed.; Québec:  Presses de l’Université du Québec, c1983), pp. [iii-iv]. (808.066/B528g).

19.     Posiblemente la fecha de publicación del libro de Bernier explica que no cite dos obras francesas que se ocupan del asunto:  Simone Dreyfus, La thèse et le mémoire de doctorat: étude méthodologique:  sciences juridiques et politiques (2 ed. rev. y aumentada; París: Cujas, [c1983]), pp.21-41, 193-217 y 256-264. (378.242/D778t); y Michel Beaud, L’art de la thèse (París:  La Découverte, c1993), pp.36-41, 87-94 y 99-103. (378.2/B371a).

20.     También puede decirse algo similar acerca de Estados Unidos donde Freimer y Perry dicen que parecería que cada autor y cada disciplina tuvieran su estilo favorito.  Sin embargo, el problema en este caso es distinto, porque se debe a la diversidad en lugar de la escasez o la brevedad de las fuentes de autoridad reconocidas por sectores de distintas especialidades dentro de la comunidad académica.  En este contexto tiene un significado distinto el hecho de que editoriales como Allyn and Bacon, Academic Press o Merril, acepten tres o más estilos distintos como apunta Howell (pp. 1, 3-4 y 12).

21.     Y yo el más pecador de los mexicanos.  Durante mi primer sabático preparé tres trabajos distintos para otros tantos cursos de la Universidad de Texas.  En cada trabajo utilicé el estilo bibliográfico que juzgué más adecuado sin pensar que, muy pronto, los publicaría juntos, en el mismo libro, sin contar en México con las colecciones con las que había contado en Austin para armar el aparato bibliográfico de los tres.  Puede verse el resultado en Enseñanza bibliotecológica:  dos ensayos y un proyecto  (Biblioteca de la Educación Superior; México, D. F.:Asociación Nacional de Universidades e Institutos de Enseñanza Superior, c1974), xv, 81p. (020.71/G2455e).